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miércoles, 12 de febrero de 2014

¿San Valentín? este año no por favor.

Se acerca de una manera aterradora y brutal San Valentín. Joder que tío más pesao. Aun no me he comido todos los turrones y ya estamos aquí con otra fiesta consumista, pero esta además no se de donde se la han sacado.

Nunca me ha gustado celebrar el día de los enamorados, tan siquiera cuando tenía pareja. Os lo juro.
Si tienes pareja, es probable que la cosa no termine bien porque tu chico se ha olvidado de esa docena de rosas que tú esperabas en tu casa, o de esa escapada romántica que tantas ganas tienes de hacer con él. Los hombres pasan mucho de estas cosas.

A mí.... una vez me regaló una rosa en nueve años, y aun la guardo.
Los otros años... pues a veces con estar juntos era más que suficiente.

Y siempre queda el recurso de que te digan hoy te voy a hacer sentir especial y te hagan ellos la cena, lo que supone que tienes que fregar después media cocina y si sale bien el experimento pues ya puedes darte por contenta.
¿ Que luego ellos quieren "postre especial"?. pues no te apures que siempre en el peor de los casos, aparece otra cosa roja, muy oportuna ella que te jode la noche con nocturnidad y alevosía.

¿Para qué sirve quererse un día de una manera extraordinaria? Es estúpido. A mí o me quieres todo el año o no me sirve de nada que me quieras un día solo en el año.

Y no es que se celebre el dichoso día y ya esta. no señor.
Es que ya se celebra la semana de San Valentín o semana del amor.
Sales a la calle y todo huele a amor, todo se llena de corazones y de cupidos, de tartas con formas caóticas, de lencería fina, fina de transparente, no de elegante.

Pones la televisión y la programación coge un sabor tan pasteloso que igual el viernes la mesa de debate de Ana Rosa es la mesa del amor. Si sale hasta en el telediario detrás de la crisis.

¿Y alguien ha pensado alguna vez en esas personas solteras, o separadas que no quieren ni oir de esto?
Mismamente, este año yo paso de amores, más que nada los amores pasaron de mí. Y ya no se si encerrarme bajo siete llaves o resignarme.

Este año ya doy por sentado que nada de flores, ni de comidas especiales ni nada por el estilo.
Y para consolarte te dicen... chica, siempre puedes estar enamorada de tí misma. Si y de premio me regalo yo una caja de bombones para mi dieta... O salir con los amigos. ¿Los que? En mi caso, como están todos casados, o son imposibles de alcanzar, pues como que no da resultado, es aun peor.

Mi consuelo es que al menos mi hermano no saldrá con la novia por ahí a darme envidia porque no tiene pareja, y mis padres pasan de este rollo de love party.

A tomar por saco el 14 de febrero, pero bien lejos, y sin billete de vuielta. Este año creo que voy a hacer una comida de solteros o abandonados y a ver si entre todos nos emparejamos o deducimos que se está mejor solo que mal acompañado.

domingo, 25 de agosto de 2013

Madre no hay más que una

Estoy llorando, hoy lloro por una mezcla de sentimientos entre la felicidad y la tristeza, la emoción y la rabia.
Hoy, es 25 de agosto, un día en el que se cumple un mes del auto transplante de médula de mi santo, un día en el que su madre cumple taitantos años, y un día en el que hace tres meses que perdimos a un amigo.

Todo va unido. Mi santo tiene cáncer, al amigo que falleció, se lo llevó por delante un cáncer, y paradojas de la vida, hoy, una amiga de la hija de este señor, y mía también, ha sido mamá de un precioso bebé.
Todos nos hemos juntado en el hospital, viendo la llama de la vida que se acaba de encender, como fruto del amor de dos personas.

A veces la vida está llena de casualidades que convierten un día en extraño.


Yo también quiero tener un pequeñ@, y todo se andará, hay muchos días para intentar dar en la diana.

Lo importante, creo es mostrar las emociones, no guardarlas dentro de un cajón que es el corazón, porque este al final de tan lleno no se puede cerrar y revienta.

Yo sé porque se notan las cosas en los ojos, que mi amiga se ha emocionado, quizás porque no esperaba que fuera al hospital a verla. Pero es emocionante pisar un hospital para ver a un bebé que no sabe aun ni llorar.

Pero hay algo que hoy me ha rebosado, algo que hace tiempo que necesitaba hacer. Llorar con mi madre. Llorar media hora. Abrazarnos las dos, decirnos que nos queremos, que aunque seamos algo débiles, dentro de nosotras hay dos señoras capaces de aguantar lo que nos echen encima.

Ella está contenta de que vuelva a su hogar, y de que yo me haga cada vez un poco más madura. Ella ha visto en los ojos de ese bebé a su hija que nació también pequeñita, como es lógico y que hoy ya pesa 130 kilos. Me ha visto a mi. A esa hija que quiere mucho y que gracias al esfuerzo de sus padres es cada día más feliz.

Hoy todos nos hemos unido en una maternidad como hace 30 años, con la diferencia de que en aquellos años ellos se convertían en padres, y ahora se convierten en abuelos.

martes, 10 de julio de 2012

ONG Mediterránea en Etiopía

Ayer recibí un correo desde Etiopía. Yo no sabía que en esos mundos tan necesitados había internet, pero algún ricachón debe tener señal.

El mail era de una amiga de la infancia, que está allí haciendo labores voluntarias con la ONG Mediterránea.

Tienen varios proyectos interesantes, han organizado una sala de psicomotricidad para niños inivdentes de Sebeta, y ahora también van a realizar labores con personas mayores para recordarles costumbres de su cultura que con el tiempo pueden enseñar a los más pequeños.

Les llevan medicinas, ropas y materiales para poner a punto cada idea, para que los niños más necesitados puedan tener una calidad de vida un poco mejor.

Porque en Etiopía pueden observarse dos clases muy diferentes de personas: las que tienen mucho de todo y las que no tienen nada de nada. Recuerdo bien una foto que me enseñó una vez, donde se veía el contraste entre las calles llenas de gente necesitada de cosas básicas, y al fondo de la imagen, se veía el palacio del mandamás, el que gobierna ese "desorden".

Mi amiga Laura es una persona con mucho valor, ella y quienes le acompañan, con valor, porque se la juegan al pasar las aduanas, pues alguna ve les requisan materiales, (encima que vas a ayudarles), es capaz de dedicar sus vacaciones de una manera desinteresada a quienes más lo necesitan.

Antes de marcharse estuvo conmigo un día y me comentaba que estaba ilusionada con todo esto, y que esperaba que la gente mayor le respondiera bien a sus proyectos. Aquella tarde, calurosísima subió a dedicarme sus palabras de ánimo al hospital, antes de acabar con algo también duro como es la quimio.
Estuvimos un tiempo distanciadas, pues ella se fue a trabajar fuera, pero siempre me he acordado de ella, y se que es una persona de una calidad extraordinaria.

Hace falta mucha gente en el mundo como ella, para que todo funcione un poquito mejor.

martes, 22 de mayo de 2012

¿Amigos? El primer paso hacia el amor.

La misma mesa de todas las tardes-noches, las mismas ilusiones y miradas.
En la cabeza de cada uno un pensamiento diferente, pero con una idea similar, que acabaría siendo lo que hoy vivimos los dos.
Una tónica, un nestea, y un plato de pipas. Una hora juntos que daba para muchas cosas que forman parte ya de una historia, nuestra historia.

Yo te contaba cosas de mi vida, tú me decías cosas por lo bajito que me hacían pensar, ilusionarme, palabras de esas que cuesta decir pero que nunca se olvidan. Pasamos de la timidez a la confianza, de no conocernos a no saber estar el uno sin el otro.

Hace ocho años a estas horas estábamos jugando una partida de dardos. Había llovido mucho y las calles estaban desiertas, los bares llenos.
Éramos solo amigos, nada más, aunque nuestros corazones eran ya uno del otro, nuestras cabezas sólo pensaban en la mirada de la otra persona.

El reloj corría, a veces a favor y otras en contra, pero siempre había un momento para vernos, para pensar en mañana. Hace ocho años no mirábamos más allá del día siguiente. Nunca antes había sentido por nadie, lo que por tí sentía era especial.

Una semana después de ese 22 de mayo, yo ya no era tu amiga, y ocho años después de ese 22 de mayo podríamos decir que soy tu mujer, tu compañera, tu pareja, que cada cual piense lo que quiera.
Yo sólo tengo claro una cosa, que tú eres el hombre de mi vida, y eso aunque resulte difícil de pensar ya lo sabía hace muchos años.

lunes, 20 de febrero de 2012

Enfermera y paciente


Sufrir una operación, es tan grave para el paciente, como para la persona que te cuida, sin olvidar a la familia, compañeros y amigos. No todos reaccionamos de la misma manera ante una operación, ni ante el post-operatorio.

El paciente, además de sufrir los dolores del post-operatorio, se enfada porque no puede volver ha hacer las tareas habituales, además de que le tiran los puntos. Cuando todos estamos enfermos, aunque nos ayuden, nos hacen sentirnos un poco inferiores, y eso no todo el mundo lo lleva bien.

La persona que está siempre a tu lado, la que te cuida, normalmente es la que peor lo lleva, sufre por los dolores del paciente y por los suyos propios, que muchas veces son morales, y esos son muy difíciles de curar. Sufre porque no te ve bien, como no puede hacer nada para evitarlo, mas que con unas palabras de aliento, de esas que todo el mundo necesitamos, tanto el enfermo, como el que te cuida, indistintamente de que sea tu pareja, tus padres, tus hermanos, o cualquier otro familiar o amigo.

Y al final, el enfermo se termina de recuperar físicamente, volviendo lentamente a su rutina, esa que echaba en falta en el post-operatorio, pero que finalmente llega.

¿Y alguien pregunta, como se encuentra el que te está cuidando? Sí, pero siempre toda la atención recae sobre la persona enferma, que es la que va mejorando y volviendo a su vida habitual, al contrario de quien te cuida, que le cuesta volver a su día a día.

Así que esta entrada se la dedico a mi pareja, que es la persona que ha estado siempre a mi lado, desde que me tuvieron que operar, me está cuidando con matrícula, y como dice el refrán, haciendo de tripas corazón. Por su puesto que si la veo llorar, no se lo voy a impedir, y si se enfada porque hago algo que no tengo que hacer, no se lo puedo recriminar, lo hace por mi bien.

No me olvido ni de la familia, ni de los compañeros y amigos, que gracias a ellos, consigues distraerte y olvidarte por un momento de lo malo que has estado.
Cada uno ha aportado un momento de su tiempo, para preocuparse por mí, y por mi paciente enfermera.

lunes, 3 de enero de 2011

Han pasado 10 años desde...

Hoy me he encontrado con un compañero de clase, de cuando estudiaba un módulo de Administración y Finanzas en el Instituto San Valero, de Zaragoza, ya han pasado 10 años.

Ha sido un encuentro breve, de unos 2 minutos, ha sido en mi lugar de trabajo, el como cliente, yo reponiendo congelado, en ese momento no me acordaba de su nombre, supongo que él del mío tampoco, en ningún momento nos hemos dicho los nombres, el me ha dicho que estaba trabajando de informático, le he preguntado si aún mantenía contacto con algún compañero de clase, y para mi sorpresa, me ha dicho que no.

Nos hemos felicitado el año, y cada uno hemos seguido con nuestras cosas, el comprando, yo reponiendo congelado.

Después me ha venido su nombre a la cabeza, Luismi. Me alegro de que me haya saludado, todo un detalle, porque otros seguramente hubieran girado la cabeza o se habrían ido por otro pasillo.