jueves, 8 de abril de 2010

Padre

Cumplir años no es envejecer, sobretodo cuando se tienen ganas de seguir adelante, por alguna razón que te ayuda a vivir.
A tu edad que no voy a decir, uno tiene ya la libertad de hacer lo que le de la real gana porque para eso se hace adulto.

Tú me has dado la vida, me has enseñado a respirar a pensar, a vivir y a volar, a reir y a soñar.
Sabes lo que me gusta, lo que necesito, lo que siento y lo que no consiento.
Tu vida bien podría ser una novela de esas que escribes, y tus viajes podrían ser mejores que la vuelta al mundo de Fogg.

Tus cuadros podrían ser parte de un museo, y con los libros que tienes podrías llenar una biblioteca.
Tu perro es tu mejor mascota.
Tu santa esposa una fiel compañera de vida.
Tus hijos somos la continuación de tus raíces.
Tu yerno el que llegó para aumentar la familia.
Y tú eres parte de todos nosotros porque sin ti nuestra vida sería totalmente diferente.

Cumplir años es ir arrancando páginas, avanzar por el camino de la vida, con más o menos baches, es madurar, crecer, vivir, pensar... pero nunca envejecer porque nadie se hace viejo mientras el alma tiene ganas de seguir adelante, aunque la cara esté llena de arrugas, el pelo cano, y tu edad tuviera tres cifras.

Mi padre siempre ha sido mucho padre, y un hombre del que puedes aprender cualquier cosa, porque es el ejemplo de que sin estudiar, sólo con empeño, se puede ser el mejor de la clase de la vida.

miércoles, 7 de abril de 2010

Seis años



Hoy hace ya seis años, de aquel siete de abril en el que me querías subir al cielo.No sé si esta casa en la que hoy nos encontramos viviendo juntos se parece algo al cielo, pero al menos estamos viviendo un sueño. Por eso este siete de abril será distinto a todos los demás.

No haremos excesos, porque la economía no nos los permite, pero intentaré sorprenderte con algo rico rico en la cocina. (no prometo nada).
Quedan horas para mirarte a los ojos y decirte que te quiero, que no entiendo como sigues a mi lado, que eres todo en la vida para mí, que sin ti no se que sería de mi vida, que eres especial, que no quiero perderme ni un segundo de tu vida, para sentirte cerca.

La vida nos ha cambiado mucho a los dos en este tiempo, pero creo que ha merecido la pena luchar porque si algo hemos hecho ha sido luchar por lo que queríamos y lo hemos conseguido.

Si me dieran a elegir me quedaría contigo una y mil veces y si volviera a nacer sería como soy para que no extrañaras nada de mi persona. Porque sé que me quieres como soy.

Lo importante es amar, y ser amado, lo importante más allá de comprar algo especial es estar juntos y seguir haciendo día a día nuestro amor un poco más fuerte para que nada pueda con él.

lunes, 5 de abril de 2010

Lindor de sabores, un capricho para postre



Tengo un antojo, pero no asustarse nadie que no estoy embarazada, sólo en un capricho.
Estas navidades me compré en un centro comercial una docena de bombones lindor a granel, y casi no me quedan.

No he encontrado por aquí, y mira que es grande Zaragoza, ninguna tienda donde pueda comprar un par de unidades de cada sabor o directamente una docena de chocolate negro con menta uuummmm se me hace la boca agua sólo de pensarlo.

Los de menta y de naranja los encontré una vez en una tienda de gominolas donde tienen granel de bombones pero ya no tienen.

Una pena sobre todo para mi paladar que se pierde estos sabores.
En la imagen aparecen sabores que yo desconocía, pues por lo general en otros paises como Francia hay mas variedades de chocolates. Aquí en España nos conformamos con el Chocolate blanco, el de leche y el negro, el que sabe avellanas, y en algunos sitios con el de straciatella.

En fechas señaladas se venden los de naranja y los de menta que son los que más me gustan.

Sería capaz de irme a Francia a por bombones de estos, pues la fábrica de Lindt en Francia se encuentra en Olorón Ste Marie a pocos kilómetros de la frontera.

Solo me frenarían dos cosas: Avelino que dice que en Francia hablan raro, (aunque yo hable francés), y mi madre con la bici estática para quemar semejante atracón de bombones si me los comprara.

domingo, 4 de abril de 2010

Milhojas de avellanas


El milhojas de la foto, no es un milhojas convencional.
Todo el mundo sabe que un milhojas como Dios manda lleva su capa de nata y su capa de crema pastelera, entre capa y capa de hojaldre.

Eso es lo que yo quería comerme hoy de postre, y he encontrado este milhojas de crema de avellanas en una pastelería de la calle Canfranc de Zaragoza.

Muy fino y agradable de comer, con una capa de yema tostada por encima. A un precio nada descabellado.

Suficiente para dos personas que se dan un capricho de domingo.

Por cierto el escaparate de la pastelería es un "pecado" repleto de pasteles de cualquier sabor (muchos de chocolate) con una presencia deliciosa.

Cuando duele la vida




A veces la vida duele, duele por cosas que no se pueden superar y que pasaron hace ya algunos años.

Hay heridas que ni un frasco de povidona yodada puede curarte, hay pesadillas que no puedes olvidar y médicos que te dicen lo que debes hacer para olvidarlo todo.

Hay instantes en que la vida te supera, te pasa por encima como si de un tren de mercancías, y a veces el mismo tren de la vida descarrila.

La mente intenta olvidar, y cuando se satura ya no hay nada que hacer, la vida se convierte en un cúmulo de recuerdos negativos que atormentan mis días y los de quienes me rodean.

Para curar heridas siempre quedan las tiritas del amor de aquellos que nos quieren y que nos han querido siempre.
Aunque no ser querida por más gente, duela bien adentro.

Me hago mayor, que no vieja, y por mi cabeza pasan recuerdos de una vida familiar, que aun sigue adelante, y recuerdos de una vida nueva que no sé como sacar adelante pues él me quiere pero ninguno de los dos podemos curarnos el mal que otros nos dejan.

sábado, 3 de abril de 2010

Santo Entierro en Zaragoza

24 cofradías desfilaron ayer por las calles de Zaragoza en el Santo Entierro.
Más de tres horas de procesión en las que se pueden ver detalles que se nos escapan de la vista algunas veces.



Las procesiones de Semana Santa esconden detalles que apenas vemos, salvo que estemos en primera fila o que sepamos que están presentes.
Un pan de hogaza de la Santa Cena, o un santo en la carroza de un paso, coronas de espinas, cofrades con cadenas, botafumeiros, parches de instrumentos pintados con imágenes propias, ramas de olivo, niños comiendo galletas... en fin, las procesiones son algo más que una sección instrumental y una virgen dolorosa.



Son para los que las vemos desde fuera un momento de oración, y de buscar en cada cofradía a aquel amigo o a ese familiar que forma parte del acto.
Tres horas de caminata ininterrumpida en las que va cayendo la noche, en las que algunos lloramos de emoción y otros se sientan en sillas de playa para no cansarse.

Hay cofradías que salen de su iglesia horas antes de que empiece como tal el Santo Entierro y que después se recogen en el mismo sitio.
Las calles adyacentes a la iglesia de salida se llenan de cofrades formados, sentados tomando un tentempié o rezando en misa.



Las palabras creo que no son suficientes para expresar una fiesta de Interés turístico Nacional que cada año atrae a más gente de la ciudad y de fuera, creyentes y no tan devotos.
El año que viene más y mejor si es que se puede mejorar algo que a mí me parece casi perfecto, pues, coordinar a tanta gente no es fácil, que todo lleve el orden previsto, que no ocurra nada fuera de lo normal.

Espectacular, emotivo, emocionante, simplemente, Semana Santa de Zaragoza.

viernes, 2 de abril de 2010

A través de los orificios de mi capirote



Siempre lo penúltimo que haces antes de salir procesionando, es ponerte el capirote o el tercerol, y por último te bajas la tela que cubrirá tu rostro, reduciendo tu campo de visión al de los orificios del capirote o tercerol.

Ves un extenso y nutrido público, compuesto por familiares, amigos, vecinos del barrio dónde salimos, y de calles adyacentes, compañeros de trabajo, “hermanos” que no han podido salir, “hermanos” de otras cofradías, antiguos compañeros de trabajo y hasta algún jefe, pero todos nos apoyan durante todo el recorrido.

A través de los orificios de mi capirote, veo a los niños pequeños, acompañados por sus padres, o abuelos, con tambores o bombos de juguete golpeando al unísono de las marchas.

* Parejas que dentro de un futuro cercano van a ampliar la familia.

* Otras, con su pequeño retoño en su carrito.

* Turistas y gente de otras culturas que habitan en nuestra ciudad.

* Padres que empujan la silla de ruedas de sus padres.

* Niños y algunos mayores, que se tapan los oídos al golpe de bombos, tambores…

* Personas que hablan por el móvil y les oyes decir que están viendo la procesión y que no te oigo por el ruido de los tambores.

* Cámaras de fotos digitales, algunas colgadas al cuello con objetivos, y otras sobre un trípode, lucen un punto rojo antes de que el flash aparezca, cámaras de vídeo que no pierden detalle, móviles con cámara grabando vídeo o sacando fotos.

* Otras personas matan la espera fumando, comiendo pipas, cacahuetes, maíz, o mezcla de frutos secos, beben agua o refrescos, o simplemente se dedican a conversar.

* También ves como recorre alguna lágrima el rostro, y los dedos secándolas.

* Veo las ojeras del cetro que pasa por mi lado y nos pregunta si vamos bien, también veo la raya negra en el ojo de la cetro que momentos más tarde pasa rápida por mi lado, veo el brazo en alto que indica el final de la marcha, que antes han marcado las “heráldicas”, y las gafas que intentan salir por los orificios del capirote del hermano que llevo a mi lado.

* Ves el final de una calle y el comienzo de la siguiente, el tráfico cortado y el agente de policía local en el tramo cortado.

* Ves como la tarde da paso a la noche, ves como la luz de las farolas nos iluminan.

* Se ven pasar los minutos y las horas de los relojes que indican la temperatura, que también la ves bajar algún grado.

* También veo los ojos color miel de la mujer a la que quiero, y con un simple gesto le indico que aun voy bien.

Termino, cuatro horas después de salir de la iglesia, con las manos hinchadas y los pies cansados. Me encuentro con aquella que me espera, y me fundo en un abrazo con ella.

Termino otro año más, emocionado, esperando que dentro de 365 días pueda ver las mismas cosas a través de mi capirote.