Eran casi las ocho de la tarde de aquel 7 de abril de hace cinco años cuando tus ojos aparecieron ante mí.
En ese instante algo ví en tí que me hizo pensar que te quería.
Nos presentaron, nos conocimos, y yo, hubiera detenido el reloj aquel Miércoles Santo en el instante que bajaste del autobús para perderte entre el gentío.
Tú por lo bajito me prometiste el cielo y lo desde lo alto yo te prometí que te vería vestido de nazareno.
No nos prometimos amor porque pensamos que era pronto aún.
Pero todo llegaría.
Yo llegué a casa pensando en que había conocido al hombre de mi vida, y aun estoy en lo cierto si pienso que no me equivoqué.
Hemos pasado muchos baches, y muchos momentos buenos, nos hemos querido y nos queremos, hemos dado pasos de gigante y hemos inventado un amor.
Aquella tarde que en principio sólo me iba a servir para traducir unas canciones al amigo que nos presentó, se convirtió en una tarde especial, difícil de olvidar.
Llevamos un lustro conociéndonos, amándonos, siendo nosotros mismos.
Cinco años de amor y amistad que espero no terminen nunca.